"Si estás en el área y no estás seguro de qué hacer con el balón, mételo en la portería y después discutiremos las opciones". Bill Shankly

sábado, 28 de abril de 2012

YO VI JUGAR AL BARÇA DE GUARDIOLA


Llevaba bastante tiempo deseando escribir de nuevo en este blog después de casi un año ausente. El problema era que no encontraba el tema ni el artículo ideal con el que regresar. Sin embargo, hoy, con la marcha de Pep Guardiola, es el día en el que me he visto más forzado por mis propias pasiones futbolísticas a volver a ponerme enfrente del ordenador para escribir sobre este deporte que consigue como ningún otro eternizar a seres humanos, entre los cuales se encuentra indudablemente Pep Guardiola.

Por todo lo que he leído acerca del anuncio de Pep Guardiola de abandonar el Barça, me da la sensación de que la gente no es totalmente consciente de lo que ello significa ni de cuánto representa la figura de Guardiola en el fútbol actual. Desde que llegara hace cuatro años a la entidad culé como un técnico novato, Pep y su Barça no han dejado indiferente a nadie. En cuatro temporadas como  jefe de la plantilla culé, ha añadido trece títulos a las vitrinas del club (con la opción de sumar otro más si ganan la final de la Copa del Rey) y ha batido innumerables récords. No obstante, el éxito y reconocimiento mundial que ha tenido este Barça no radica en su palmarés, sino en la forma en la que ha conseguido alcanzar la gloria y los valores que ha transmitido en la victoria.

Nada más llegar al banquillo del Barça, Guardiola se encontró con un gran dilema: Messi deseaba participar en los JJOO de Pekín que transcurrían en agosto. Sin embargo, el Barça en un principio se negó a permitir al astro argentino asistir a los juegos, ya que durante ese mes disputaban la eliminatoria para acceder a la Champions y un par de partidos de liga. Pep decidió mimar al argentino y le permitió perderse unos cuantos partidos por jugar con su selección. Esa fue la primera y mejor decisión tomada por el técnico culé. A cambio, Messi no sólo le ha correspondido marcando goles desde el comienzo de la era Guardiola, sino que ha exprimido totalmente sus virtudes como jugador y lleva años siendo con diferencia el mejor jugador del mundo. A este acierto le sucedieron numerosos más, entre ellos el hecho de ratificar e incluso llegar a superar la filosofía de juego de toque que implantó en el Camp Nou años atrás su  mentor, Johan Cruyff. Este Barça ha puesto de moda un fútbol atractivo de toque, en el cual la posesión de balón es su máxima expresión. Ha rehuído totalmente del fútbol impulsivo dándole una pausa al juego con un excelente trato de la pelota. El balón ha de salir jugado desde el portero al delantero, ‘pelotazo’ se ha convertido en una palabra prohibida y censurada en “Can Barça”. Además, por si no fuera poco, Guardiola copió del laureado Milan de Arrigo Sacchi la obsesión por presionar intensamente desde el ataque para recuperar el balón en campo contrario.   A todos los logros citados anteriormente cabe añadir uno muy importante, el hecho de que Guardiola haya hecho debutar bajo su tutela a veintidós canteranos, entre los cuales se encuentran jugadores tan espléndidos y determinantes como Busquets, Pedro, Thiago, Cuenca y Tello. La ingente confianza que ha depositado en la cantera culé se refleja por ejemplo en que ganara dos finales de Champions utilizando a ocho canteranos, un hecho inaudito en la historia del fútbol.

Pues bien, a pesar de todas estas marcas que ha dejado el Barça de Pep en el fútbol, me da la sensación de que no se le está tratando como es debido al técnico de Santpedor. Muchos aficionados lo tildan de cobarde por declarar que se marcha en el momento en el que su equipo ya no puede optar a los dos títulos más importantes (Champions y Liga), insinuando algunos que si hubiera revalidado una de estas dos competiciones que ganó la temporada anterior, habría renovado sin ninguna duda. Además, se le ha restado protagonismo haciendo público el mismo día quién iba a ser su sucesor, de tal forma que los medios de comunicación casi se han centrado más en la figura de Tito Vilanova, quien le reemplazará en el banquillo, que en la del propio Pep.

Bajo mi punto de vista, es una injusticia total que algunos duden de la profesionalidad de Guardiola, ya que durante estos cuatro años se ha volcado en su trabajo, como bien se puede apreciar en el desgaste físico que ha sufrido. Si ha dejado el Barça en estos momentos es porque necesita descansar de la presión a la que somete un club de tal calibre y porque considera que el Barça necesita innovar para no quedarse estancado en su fútbol, como le ha pasado en el tramo final de esta temporada. Guardiola es el artífice de conseguir algo nunca visto en tantas ocasiones en el fútbol, que equipos de la magnitud del Real Madrid, Chelsea, Milan, Arsenal o Inter de Milán renuncien desde un principio a la posesión de balón y se dediquen durante todo el partido a correr tras él con el fin de jugar a la contra cuando se hagan con el esférico. Este ha sido, por desgracia para el fútbol, el único método con el que se ha logrado parar el vendaval culé y  el cual, requiere que el Barça busque innovaciones en su juego de toque para poder penetrar la muralla que tantos equipos plantan en su área cuando juegan contra ellos. Guardiola ha acabado exhausto al verse obligado a introducir tantas innovaciones, de hecho, durante los últimos años  ha probado casi todas las variantes ofensivas: ha  jugado sin un delantero fijo, ha jugado con un 3-4-3, ha variado la posición de muchos de sus jugadores… Sin embargo,  a pesar de todos sus aciertos tácticos, ahora se ve incapaz de tener que llevar a cabo el duro trabajo que requiere desarbolar a un equipo que planta a once jugadores en su zona de campo para defender.

En este mismo fenónomeno que ha propiciado la marcha de Guardiola, se plasma paradójicamente el éxito de sus ideales. El magnífico juego que ha desplegado el Barça durante los últimos cuatro años ha infundido tal repeto en sus rivales, que éstos salen al campo con la impresión de ser sumamente inferiores al conjunto catalán. Nadie recuerda haber visto nunca antes jugadas tan bien hilvanadas como las de este Barça, ni juego tan deleitoso como el que nos ha ofrecido un equipo que ha tenido en la figura de Pep Guardiola a su máximo exponente. Por el bien de la salud de nuestros recuerdos, nos debemos proponer no olvidar jamás la fructífera aportación de Guardiola al mundo deportivo y cultural, porque lo que ha conseguido este  personaje ha sido convertir por momentos el deporte en arte.




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